GRUP D'ACCIÓ VALENCIANISTA

En defensa de l'identitat valenciana


22 de Novembre de 2017

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Comunicats: OFRENA I HOMENAGE ALS AGERMANATS, MARTIRS VALENCIANS

Enviat per GAV el 18 de Juliol de 2017
 
Comunicats GAVTal dia com hui, en l'any 1521 en Almenara se produi una tragica batalla entre els agermanats valencians i el Duc de Sogorp, que contava en soldats moriscs, mercenaris catalans i unes poques milicies del nort del Regne.



Este trist capitul de la nostra historia se saldà en centenars d'agermanats valencians massacrats sense pietat. Estos foren capaços de defendre ferreament la  nostra Real Senyera que intentà ser furtada per Galcerán de Peñarroja.

Membres del Grup d'Accio Valencianista hem realisat hui una ofrena floral en el lloc just a on se realisà la Batalla d'Almenara, en el que se troba la "Creu de la Victoria", seguidament hem desplegat una pancarta en recòrt dels patriotes valencians morts pel Regne de Valencia i la llibertat.



A continuacio vos deixem una transcripcio del llibre "Tratado de la Real Señera" de Ricart García i Moya, per si voleu saber mes sobre este capitul de la nostra historia:


El ejército agermanado, formado por gente del pueblo, iba a sufrir una gran derrota que provocaría su posterior declive. Las tropas enemigas bajo el mando del Duque de Segorbe no sólo contaban con soldados moriscos, sino con mercenarios catalanes y unas pocas milicias del norte del Reino, por ser zona de la Orden de Montesa y manifestarse su gran Maestre enemigo acérrimo de la Germanía. Cuando las formaciones de “plebeyos” y “nobles” se hallaban a “un quart de milia de Almenara” se inició el choque, llamado por Jeroni Soria “Batalla e camp de Valencia en Morvedre”, aunque sería más exacto darle el nombre de Almenara por su cercanía a ésta.


La Real Señera del Rat Penat fue custodiada durante el desarrollo de la batalla por la compañía del Centenar de la Ploma, posiblemente los únicos que poseían caballos entre los agermanados; tres nombres citan los documentos como portadores de la Señera, y alguno lo pagó con su vida.


El primer contacto fue con las tropas moras de los nobles, luchándose intensamente durante más de tres horas, y no hubo piedad en ninguna de las dos fuerzas combatientes. Después de esta sangría para los agermanados, pasaron al ataque las fuerzas catalanas dirigidas por Mossen Oliver. Hasta entonces habían permanecido reposados en la retaguardia, mientras que los valencianos, muy debilitados por su enfrentamiento con los moros, la sed y el cansancio, retrocedieron a un lugar donde fueron destrozados por la cabellería del Duque y los catalanes:


“dijous, XVIII de Juliol 1521 (..) trobaren lo Duch de Sogorp en camp ab obra de quatre milia homens, entre catalans y moros, e dosents de cavall” (Soria, Jeroni; Dietario, Valencia, 1960, p.59)


El licenciado Escolano, que pudo llegar a conocer algún protagonista de la batalla, fue más elocuente:


“…Por la retaguardia; y fue a tiempo que los Catalanes que venían en ella (..) todos venían con la cruz de San Jorge en los pechos (..) envistieron en el esquadron de Plebeyos de Valencia, que andaban ya desalentados, y perdidos de la sed y cansancio, que les havia causado pelear tres horas sin para, el calor de los caniculares, y el alcance que dieron al esquadron de los Moros. Con estos afloxaron del rigor con que peleavan, y se fueron arrimando a la montañuela. Pero llegavan en este punto los del primer esquadron del Duque, y la cavalleria; y dieron en el de los Plebeyos matando y degollando infinitos dellos: y los demas se escaparon por varios caminos, y llegaron heridos, cansados y destrozados a Murviedro: y salieron mugeres con cantaron de vino a darles un refresco, acabando de beber se cahian muertos de reventados” (Escolano, Gaspar: Década primera de la insigne y coronada Ciudad y Reyno de Valencia, Valencia, 1611, Libro X, p. 1568)


También Teodoro Llorente sabía, y dejó constancia, de la cruel matanza de agermanados realizado por tropas moras y catalanas:


“…en el centro, los moriscos; detrás, los catalanes (..) tal fue la matanza de valencianos que, según un testigo presencial, había en aquellas viñas tantos cadáveres como cepas” (Llorente, Teodoro: Valencia, año 1887, p.226)


¿Qué sucedió con la Señeral Real durante las siete horas que duró el combate? Indudablemente fue la presa más ansiada para los moros y los catalanes que servían a los nobles. La “Companyia del Centenar de la Ploma”, que habían incorporado mosquetes en su armamento, aparte de las potentes y tradicionales ballestas, defendió ferozmente la bandera contra los osados enemigos que continuamente intentaban arrebatarla; muchos perdieron la vida en ello, como sucedió al noble Galcerán de Peñarroja:


“Galcerán de Peñarroja, dicho el Turco, ganó primero una bandera, y por ganar el estandarte de Valencia, forcejando dos veces por arrebatársele al Alferez, le mataron el caballo, y a él después, de un escopetazo que le dieron” (Escolano:  op. cit. p.1571).


Quizá algún lector encuentre excesiva meticulosidad en la descripción de la Batalla de Sagunto (o Almenara); sin embargo, no queda más remedio que desmenuzar este episodio de nuestra historia, a cauda de la arbitraria versión que nos han ofrecido escritores actuales muy escorados al catalanismo. La más catastrófica jornada de los “plebeyos” es transformada en simple “escaramuza”; igualmente, dos ciudades aliadas, Morvedre y Valencia, se convirtieron en los citados libros en enemigas acérrimas. Por otro lado, silencian sagazmente la presencia catalana, a pesar, según Escolano, de ser el contingente mayor de las tropas del Duque de Segorbe:


“El Duque recogió su gente, y con ella y la victoria se volvió a Almenara (..) de los Catalanes no le quedaba ni uno, sin saberlo él ni los Capitanes. Y fue sin duda una merced del cielo que no lo entendiesen los Comuneros; porque solo los de Murviedro que salieran huvieran puesto a todos en condiciones de perderle” (Ibídem, p. 1573).


La presencia de las fuerzas catalanas sorprende más sin contrastamos su actitud con la hermandad que demostraron los aragoneses. Cuando los catalanes desaparecieron, por muerte o huida en la batalla de Sagunto, los nobles mandaron emisarios a las comarcas fronterizas del reino de Aragón para enrolar gente de armas; pero no lo consiguieron por la solidaridad aragonesa:


“… pero en ninguno se las dexaron hacer, diziendoles despejadamente que eran hermanos de los de Valencia, y en la voluntad tan comuneron como ellos” (Ib., p. 1574)



Los supervivientes del ejército agermanado buscaron refugio en Sagunto, donde el pueblo les recibió con tristeza, pero ofreciéndoles alimentos y protección en sus murallas. Entre los escapados de la muerte estaban los defensores de la Señera, quienes ante lo inseguro del camino de regreso a Valencia, prefirieron dejar la Bandera Real en la agermanada Sagunto:


“Cuando el Duque de Segorve rompió a los Comuneros, el Alferez, que se escapó con el Estandarte de Valencia, se le dexó en Murviedro, por temor en las manos de los vencedores” (Ib., p. 1586)


El día 3 de agosto de ese mismo año, cuando los caminos ya estaban más seguros (téngase en cuenta que siete días antes había habido otra batalla en Gandía, con victoria de los plebeyos) fue el gobernados del Reino Don Rodrigo de Mendoza, Marqués de Atzaneta, con una buena escolta para llevar la Bandera Real a Valencia:


“quant ana lo Marque Don Rodrigo a Morvedre per la bandera real de Valencia (..) a III de Agost 1521, que fon disapte, ana lo Marques de Atzaneta a Morvedre ab sinhsents homens de peu armats e portaran lo Ratpenat (sic) a Valencia lo dia mateix a les onces hores de la nit” (Soria, Jeroni: op. cit., p.62)


Aquí nos encontramos con un capítulo oscuro en el comportamiento de los sanguntinos, ya que no querían entregar la Señera. El motivo no era conservarla como trofeo, pues les había prestado en la batalla celebrada días antes; quizá la causa estuviera motivada en la desconfianza hacia los jefes que tenía la Germanía en aquellas fechas. Rodrigo de Mendoza había sido nombrado gobernador días antes de la batalla de Sagunto, y su condición de noble no les parecería adecuado a los sanguntinos, todavía con heridas del reciente combate. Dos días antes de que Rodrigo de Mendoza, Marqués de Atzaneta, fuera a por la Señera, fue ajusticiado por los sanguntinos “un ostaler del bordell de Valencia”, por creérsele culpable de la muerte “de tanta gent del camp de Valencia”.  Por tanto, no existía enfrentamiento entre Sagunto y Valencia, aunque si cierta confusión:


“que podían enviar por él (Estandarte del Rat Penat), por estar seguros los caminos, se le pidieron a  los de Murvedre; mas ellos se cerraron en no darle; lo que puso en obligación al Marques (..) de ir por él con más de mil hombres armados; y  los de Murviedro le hubieran de entregar (..) y dando la vuelta a Valencia, fue recibido el Estandarte con trompetas y atabales” ( Escolano, op. cit. p. 1586)


Transcurridos tres años de la Batalla de Sagunto, todavía fue sacrificado un agermanado que enarboló la Señera en aquel aciago día. Su triste fin fue anotado por Geroni Soria:


“Dimecres, a 1 de març 1524, esquarteraren a mestre Pere, carabaçer e carder, lo qual era lochtinent creminal de Valencia e portá lo Rat Penat a lestandart de Valencia con alferesis de la Germania a Morvedre en l’any 1521” (Soria, J: op. cit. p.83)


Según Escolano, Pere Carabaçer sería quien trató de proteger la Bandera Real en Sagunto:


“El Alferez del Estandarte de Valencia, Maestro Pero el Carabacero se escapó con él (..) a Murviedro” (Escolano: op. cit. p. 1568)


Boix, ya en el siglo XIX, citaba a Miguel Marza como alférez, y a Pedro Balanzá de portaestandarte:


“Los comuneros dejaron en el campo de dos mil hombres, pudiendo salvarse los demés en Murviedro, llevándose el pendón que el alférez Marza defendió con desesperación (..) llevando el estandarte de la ciudad Pedro Balanza (..) cuyo alférez era Miguel Marza, cardador” (Boix, Vicente: op. cit. p.374)


Quizá Boix y Escolano confundieron a este personaje, pues Pedro Balanzá o Pere el Carabaser era también cardador. El manuscrito del Conde de Cervellón, entre una más de las irregularidades que ofrece, cita a un “Sebartia Carabaser llochtinent de Justicia Criminal” como portador de la Señera, por “ausencia de en Miquel Geroni Justicia Criminal” (Cervellón, Conde de: op. cit., f.37,r)


Cercano a la autopista actual, todavía queda un recuerdo de aquella batalla motivada, solo aparentemente, por el asesinado de dos jóvenes saguntinos. Se trata de la llamada de la Cruz de la Victoria, pequeña construcción situada en la zona exacta en la que las tropas moras y catalanas de los nobles masacraron a los “plebeyos” valencianos:


“llegaron los campos (las formaciones) a afrontase a un humilladero; desde esta jornada le quedó el nombre de la Cruz de la Victoria” (Escolano, op. cit., p. 1570)



Noticia recogida también por Llorente:


“Para recuerdo del triunfo de la causa real (de los Nobles), púsose en la carretera entre Almenara y Murviedro, una cruz de piedra labrada, que se le llamó de la Victoria, y aún se mantiene en pie” ( Llorente, T.: op. cit. p. 264)


En una de las paredes de este sencillo monumento se esculpió el escudo de la “Ciutat y Reyne” con sus barras coronadas en losange. Esra el símbolo de todos los valencianos: nobles y plebeyos.

  

 
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